Nawal Yagui, la empresaria que lanzó el taxi exclusivo para mujeres en el Líbano, tiene ya una flota de siete coches y aspira a cerrar el año con 35.
Cuando Banet Taxi vio la luz, a mediados de marzo, muchos pensaron que se trataba de una moda pasajera. Los taxis de color rosa conducidos por mujeres uniformadas -camisa blanca, corbata rosa y flor en el pelo- destinados a una clientela exclusivamente femenina resultaban un concepto extraño en Oriente Próximo -donde ellas suelen conducir pero no de forma profesional- aunque también atractivo para muchas mujeres que se sienten incómodas cuando son acompañadas por desconocidos.
Seis meses después, la original empresa de Nawal Yagui Fakhry, la mujer que concibió y lanzó el Taxi para Mujeres en el Líbano, se consolida en el sector y aspira a seguir creciendo. «La evolución está siendo increíble. Si las primeras semanas, cuando sólo teníamos tres coches, tuvimos tres clientes ahora, con una flota de siete vehículos, estamos a pleno rendimiento. Hemos doblado el número de servicios en cuestión de semanas. Ayer, nuestras conductoras tuvieron que comer mientras hacían sus rutas», explica Nawal desde su oficina, situada en la localidad de Mtayleb, pocos kilómetros al norte de Beirut. El secreto, confiesa esta empresaria de 45 años, es no hacer la competencia al resto de compañías de taxi, una profesión muy arraigada en el país del Cedro y donde apenas hay normas. En el Líbano, no existe el concepto del taxímetro sino que el precio es negociado con el conductor, y se puede elegir entre dos tipos de servicios: el taxi, que garantiza un trayecto rápido y directo al pasajero a cambio de un precio más caro, o el llamado service, un taxi colectivo en el que cada viajero paga una cantidad fija (un euro) y comparte asiento con otros a cambio de que el taxista le lleve, con más o menos rodeos, a su destino. Esta es la fórmula más asequible del Líbano, y seguramente la más incómoda para mujeres que no desean compartir la estrechez de un asiento con desconocidos. «Nuestras clientes no suelen coger taxis, pero desde que apareció Banet Taxi [Taxi para Mujeres, en árabe] tenemos una importante cantera de clientas fijas. Se trata de estudiantes, enfermas que deben acudir al hospital, trabajadoras a las que no les gusta el coche o no saben conducir y también gente que quiere salir de noche a divertirse y volver con alguien de confianza», continúa Nawal, licenciada en Gestión Empresarial y en Derecho. Muchas mujeres del Golfo Pérsico que acuden de vacaciones al Líbano -la meca de la diversión local- prefieren ser acompañadas por féminas que conducidas por hombres. Ése fue, precisamente, el origen de la idea de Nawal. A finales de 2008, realizó un viaje turístico a Bangkok en el que, por pura casualidad, conoció a una taxista que se convirtió en su guía. «Me di cuenta de lo cómodo que era moverme con una mujer por todo el país. Antes de regresar a Beirut, en el aeropuerto de Bangkok, vi tres coches de color rosa fucsia y me llamaron tanto la atención que les tomé fotos. Y poco a poco, ambas ideas se fundieron». Sin más ayuda que el apoyo moral de su marido y de una de sus amigas, que enseguida aceptó convertirse en una de las conductoras, Nawal reunió 150.000 dólares para alquilar una oficina, comprar tres vehículos y pintarlos de rosa y conseguir todas las licencias necesarias. La publicidad que a cualquier otra empresa le habría llevado años obtener la consiguió gracias a la originalidad del proyecto: el Ministerio de Turismo aceptó patrocinar la inauguración de la empresa con la mirada puesta en la idea de atraer turistas del Golfo, los mismos que no admiten que sus mujeres se vayan de compras por el peligroso Líbano con un hombre al volante. Nawal Fakhry es cautelosa con el éxito. «Hay pocas empresas que puedan crecer tanto en sólo tres meses. Por eso cada paso que doy requiere un cuidado muy especial». Un buen ejemplo de ello es la ampliación de la flota de vehículos. «Estoy a la espera de recibir las licencias para taxis del Ministerio del Interior. Sé que van a sacar nuevas licencias por 4.000 dólares (unos 2.800 euros) y no me quiero precipitar a pujar por las ahora existentes, que vienen a costar 9.000 dólares (unos 6.000 euros)». Su deseo es tener «no menos de 30 o 35 coches» a finales de año, pero prefiere no precipitarse. «Esto es una sociedad muy pequeña que necesita protección. Y en el Líbano no existen ayudas a los pequeños empresarios. Por el momento no tengo pérdidas, pero tampoco es muy rentable». Lo cierto es que ha doblado el número de servicios en seis meses. «No estaba preparada para semejante éxito», admite. A sus 12 empleados ha sumado otras cuatro conductoras disponibles con sólo recibir una llamada. Además, ha dotado a los coches de innovaciones inéditas en el Líbano (ahora aceptan tarjetas de crédito y disponen de GPS y en el futuro tendrán taxímetros) que justifican el aumento de precios respecto a la mayor parte de las empresas. Otra de las novedades es su página web, desde donde se puede pedir un taxi. Además, los coches fucsia son tan llamativos que son requeridos para fiestas y homenajes. Una vez que consiga aumentar su flota, lo siguiente será la expansión: «Quiero abrir sucursales en todo el país y también en Francia y en varios países del Golfo».
Publicado en El Mundo el día 20 de septiembre de 2009
Actualizado ( Jueves, 24 de Septiembre de 2009 )
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