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No tardamos mucho en conectar...Hacía un par de días que había subido mi perfil a la página de Contactos y ella lo acaba de hacer. Puse mi mejor repertorio para no dar palos de ciego en la búsqueda. Buenos planos, fotos bonitas...todo un gran decorado para no hacer perder el tiempo a nadie. Tenía muy claro lo que buscaba o más bien lo que ofrecía. Estaba cansada de mensajes de perfiles sin foto, de gente que sólo hace perder el tiempo a los demás. Por eso dejé colgado mi perfil sin más...sin esperar que pasara nada especial...sin dedicarle más tiempo que el que merecía.
Me llamó la atención uno de los mensajes que recibí. Como no tenía puesta ninguna foto iba a ir a la papelera como los demás...pero algo me hizo detenerme y lo abrí. Estaba bien escrito, algo a tener en cuenta en esta página de contactos o en cualquier chat. Desde la más absoluta corrección me indicaba que por motivos profesionales no podía poner fotografía pero que me garantizaba "buen material". La expresión me hizo reír y le respondí con un mensaje lleno de carcajadas.
La respuesta fue rápida y ella hizo lo propio...reírse también. Al final adjuntaba su teléfono móvil por si quería comprobar que, al menos, era una mujer.
No me lo pensé dos veces y marqué su número...Me respondió de inmediato con una voz distendida. Sabía que habíamos conectado.
Intercambiamos unas cuantas frases ingeniosas para ponernos a prueba y la complicidad que mostramos ambas desde el principio era deliciosa...sin esfuerzos.
Hablamos más de una hora, sin sentirlo...pero sabía que era momento perfecto para dejarlo...para no agotar la situación.
Era domingo por la noche y la semana se presentaba con mucho trabajo. Tenía que llevar los planos de la casa Regás el miércoles a Valencia y concretar los cambios definitivos en los elementos de cerramiento de la finca. Ella viajaba el lunes a Barcelona pero estaba de vuelta para el martes por la noche en Madrid.
No queríamos dar ninguna el primer paso para no parecer demasiado interesadas por la situación pero pensé que era una tontería disimular un interés que realmente tenía.
Estábamos a mediados de junio con unos días largos y agradables de temperatura. Le propuse vernos de camino de vuelta de Valencia...comer en un Restaurante precioso a mitad de camino entre Madrid y la costa.
Aceptó y quedamos en confirmar el viernes por la mañana por si surgía un imprevisto.
SEGUNDA PARTE No pude quitarme de la cabeza en todo el lunes la conversación de la noche anterior. Hacía tiempo que no me lo pasaba tan bien. Todo por contar, todo por estrenar. Nos quitábamos la palabra constantemente y la mezcla de sorpresa y tranquilidad daban al momento un extraño halo de complicidad.
Necesitaba pensar en el proyecto y no tener demasiadas expectativas en algo tan casual.
La reunión con al Señora Regàs tuvo sus momentos de tensión cuando quiso cambiar parte de la estructura de la cubierta, lo que supondría dos meses más de trabajo que no estaban previstos.
Afortunadamente, la intervención del hijo mayor, hizo que con unos pequeños cambios de "maquillaje" todos quedáramos contentos. Era jueves y la revisión del terreno de la finca me distrajo del encuentro del día siguiente. No quitaba ojo de mi Blackberry por si Beatriz cambiaba de opinión y lo cancelaba todo.
En la noche di muchas vueltas a pesar de acostarme muy cansada y de alargar la velada más de la cuenta en un "garito" de moda del Puerto Deportivo. Me quedé dormida muy de madrugada y gracias a que pedí que me despertaran a las 11 pude tener un aspecto descansado.
La ducha calmó inicialmente los nervios pero no logré vestirme tranquila. No había llevado mucho equipaje así que tuve que salir al paso con unos tejanos azules, una camisa blanca que me había devuelto la lavandería del hotel perfectamente planchada y mis adorados zapatos de D&G negros, de charol, de punta cuadrada.
El aromático café que me habían servido en la barra del bar me reconfortaba el estómago vacío. La tostada me devolvía las fuerzas perdidas en la noche casi sin dormir. Tenía que comer fuerte debido a mi hipoglucemia, no quería desmayarme antes del encuentro por culpa de estos nervios que no lograba controlar.
El cálculo del tiempo se me había echado encima y tuve que salir de Valencia más rápido de lo que pensaba. Tenía 170 kilómetros por delante y dos horas escasas para la cita...ya no había vuelta atrás. Nos dimos las 12 de la mañana como hora tope para hacer cancelaciones.
El tráfico era insufrible y aumentaba mi ansiedad por salir a toda prisa del centro de la ciudad. Tomé la decisión de relajarme, puse a Alicia Keys, cerré las ventanas de mi Alfa y pensar en una copa de vino en el Restaurante donde había quedado con Beatriz.
No dejé de sonreír en todo el camino. Me quité de la cabeza la cita que tenía y sólo sentía el azul intenso del cielo y el paisaje tan hermoso por el que circulaba. Quedaban 25 kilómetros para llegar y un mensaje rompió mi calma. "Un sitio precioso, te espero en la terraza exterior del Restaurante. Bss". Sentía los latidos de mi corazón, espesos, rotundos. Los oía en mi cabeza, en mi pecho... en mi sexo. No sé por qué ese mensaje me puso en un estado de excitación completamente diferente.
Aparqué el coche en el espacio reservado para los clientes del restaurante. Conocía bien las instalaciones porque había hecho el proyecto de edificación cinco años atrás. Desde entonces me unía con Alberto, director del hotel, una sutil amistad de admiración, cariño y respeto.
Cuando escuchó el sonido de mi coche salió a mi encuentro y sólo verle la cara me puso más nerviosa aún.
Parecía que era él quien tenía la cita. Le dije que se calmara que parecíamos dos adolescentes en el patio de recreo del colegio. Me indicó la mesa que nos había preparado, considerando que era viernes y podía haber un poco más de movimiento en el Hotel. Que había sentado a Beatriz en mi rincón favorito de la terraza exterior, junto a la caída de agua del rebosadero de la piscina.
TERCERA PARTE
El Hotel estaba construido aprovechando el desnivel de la ladera del cortado, de tal manera que hay que bajar a varios niveles hasta llegar a las instalaciones de la piscina. Me temblaban las piernas como si nunca hubiera quedado antes con una mujer. Me encontraba en tal estado de excitación que me detuve en los baños de acceso al SPA para refrescarme la cara. Arreglé los puños de mi camisa y saqué toda la templanza que tenía disponible. La sensación que me provocaba salir a la terraza del Hotel era siempre de una luminosidad cegadora. Sabía que ella me estaría viendo porque su emplazamiento estaba diseñado para ver y no ser visto. La zona reservada para clientes que necesitan un poco más de intimidad. No me quité las gafas de sol con la infantil sensación de que me servían de escudo. No pude determinar su altura hasta que estuve a su lado. Se levantó para recibirme, y como si nos conociéramos de antes me dio un abrazo cálido y cargado de complicidad. Me envolvió su perfume. Su cara me resultaba familiar pero no lograba identificar de qué la conocía. Acostumbrada a lidiar con "hombretones", operarios, ricachones y "señoronas" de todo tipo...funcionarios corruptos...de repente me sentí como una adolescente frente a ella. Alberto, atento en todo momento de la situación, se acercó para indicarnos si queríamos comer en la terraza o en el interior del Restaurante. Por fin logré recuperarme del impacto y volver a ser yo misma. Optamos por quedarnos en la terraza y mientras nos preparaban la mesa para comer le propuse dar un paseo por las instalaciones del Hotel. Lo más destacable eran los recursos naturales acuíferos de la zona que habían sido determinantes para su construcción como Hotel-SPA. La mayor parte del presupuesto estuvo orientada a estas dependencias y los dueños no pusieron ningún tipo de reparo a la hora de utilizar los mejores materiales.
La temperatura y humedad de la zona central del "hamman" hizo que a Beatriz se le pegara más al cuerpo la camiseta blanca que llevaba. Era de una elegancia discreta, una masculina feminidad que me hacía estar en continuo estado de excitación mental y física.
Se notaba que tenía una elevada preparación académica por las preguntas que me hacía y la manera de expresarse. Había entre nosotras una energía salvaje y controlada. Ninguna de las dos quería parecer excesivamente interesada en la otra. Sujeté suavemente su cintura durante un segundo y noté cómo mi sexo explotaba. Fue en acercamiento casual, sin intención...pero con muchas consecuencias como pude comprobar después. El camarero nos trajo a la realidad. Durante toda la comida reímos sin parar. Hablamos de cómo habíamos descubierto nuestra sexualidad, de mi último proyecto en Valencia... Ella me dijo que era abogada y que trabajaba para una multinacional, que mejor no dábamos nombres ni datos porque siempre generan problemas. No entendí muy bien el tema de los problemas que dan los datos pero siempre he respetado la privacidad de quien me la pide y más siendo el lugar de encuentro una página de Contactos. Alberto se encargó de que la comida fuera a nuestro ritmo...nos dieron casi las seis de la tarde. A ninguna de las dos nos apetecía que el encuentro acabara. Sinceramente me hubiera ido en ese mismo momento a la cama con ella pero me parecía un poco "fuerte" hacerle una proposición tan directa. Sublimé mis deseos (después supe que a ella le pasaba lo mismo, estúpida educación) y como la zona es muy hermosa, sugerí cruzar al otro lado del río y dar un paseo hasta las ruinas de una fortaleza musulmana. Me apasiona la historia y, como no, la arquitectura que cada período histórico conlleva. No me costó explicarle el porqué de la ubicación de la Villa. Las razones defensivas, de recursos naturales y climáticas que poseía la zona. Me agarró del brazo durante todo el camino hasta que llegamos al final donde quedaban los restos de la fortaleza. La luz hizo que las piedras calizas tomaran un color dorado. Había una caída de más de 100 metros que hacían de aquel lugar una atalaya inexpugnable. Yo intentaba templar mi excitación con los recursos de mi verborrea y Beatriz se sentía irremediablemente atraída por una mujer que no sabía quién era ella y que no parecía querer meterse de inmediato dentro de su blusa. Me quitó las gafas y me besó. Suave, lento...muy lento. No fui tan sutil en la respuesta y le comí la boca con la pasión retenida de las horas que llevaba junto a ella. Ya no hicieron falta más palabras, ni siquiera sé cuánto tardamos en el camino de vuelta. Sólo recuerdo su BMW X5, sus asientos de cuero y la pasión de dos mujeres como si fueran adolescentes. No quisimos esperar más. Era tal la excitación que teníamos dentro de nuestro cuerpo que sólo necesitaba sentir cómo me besaba, notar cómo se movía debajo de mí. Me tenía cogida la cabeza para que no me despegara de ella. De repente las dos rompimos a reír ante la cómica situación de vernos en el coche teniendo un hotel a cinco minutos. Arrancó y derrapó tres veces antes de salir del cauce del río. Llamé a Alberto para que nos prepara un habitación...no hizo falta explicarle mucho, ya la tenía prevista, que en cuanto nos vio juntas supo que de allí no nos íbamos sin "follar". No pude contener la carcajada. Dejamos el coche en la puerta. Me quitó la camisa en cuanto pasamos a la habitación. Todo fue sencillo, sin atropellamiento...sintiendo cada segundo que pasaba y sabiendo que quizá aquello sería irrepetible. El olor, ese bendito olor que aún llevo clavado, me hacía volverme loca de placer. No fueron sus dedos penetrándome, no fue su boca la que comiéndome hizo que perdiera el sentido...fue el olor de su piel...de su sexo...lo que hizo que tuviera ganas de llorar de tanta emoción. Pasamos toda la tarde de los momentos más dulces a los momentos de mayor complicidad sexual. Dos mujeres que saben lo que quieren y no tienen ningún tipo de prejuicio. Me pedía ternura para acariciar los bordes de su sexo y terminaba pidiéndome que metiera mis dedos dentro de su ser, que no me saliera nunca de allí. Su mirada era una mezcla de pasión y de amor...sí...de amor...no era una imaginación. No quise pensar en el corazón, sólo quería disfrutar de aquella mujer, de su carne sin pudor...de sus sentimientos sin escondites...de su anonimato. Noté que cada vez que tenía un orgasmo se liberaba de una carga que llevaba dentro, que necesitaba sentirse en manos de una mujer. La noche iba pasando entre la ternura de sus manos, las risas de la cena improvisada en la cama y la pasión de su sexo pidiendo más y más. Ni sentí cuándo me quedé dormida, ni sé qué me despertó...era mediodía de un sábado del mes de junio. Un sábado de azul intenso y de una nota de despedida: "No me puedo permitir enamorarme de ti" Lo entendí, no necesité más explicaciones, no necesité nada más...lo había tenido todo ya. Sé que no dejó nada por darme, que me dio todo lo que me podía dar. No supe nada más de ella. Respeté su silencio aunque hubiera veces que necesité clavarme las uñas en la mano para no llamar por teléfono. Llegó agosto y con ello la reunión familiar en torno al cumpleaños de mi madre. Me gustaba la mezcla de gritos de mis sobrinos y de mi madre intentando poner orden. En un momento de calma me senté en la piscina y me puse a ojear unas revistas del corazón que mi cuñada había dejado allí. No suelo estar muy puesta en estos temas, al margen de las noticias que casi sin querer te llegan. Se me heló la sangre al llegar a las páginas de actos sociales y ver a Beatriz vestida de novia al lado de un "marquesito sevillano". "Ese sí que ha dado un braguetazo" escuché a mi lado -dijo mi cuñada-. Allí estaba, recién casada...del brazo de su importante padre. Por supuesto no se llamaba Beatriz, pero eso ya daba igual. Me fijé más detenidamente en sus manos. Las llevaba cruzadas. En su mano derecha un diamante como un garbanzo...y en la izquierda el anillo que se llevó de mi mesita de noche el día que desapareció.
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Un abrazo fuerte