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Una vez más Sole iba contracorriente, acababan de inaugurar el Ave Madrid-Valencia y ella decide venir en avión. Mes de julio y a las tres de la tarde, la mejor de las decisiones para reencontrarnos después de cuatro años sin vernos. Sólo unas breves felicitaciones por Navidad y en nuestros respectivos cumpleaños habían sido las únicas comunicaciones intercambiadas. Por eso me extrañó tanto su correo diciendo que venía a Madrid y que tenía muchas ganas de verme.
La relación con Sole se podría resumir en un desencuentro constante, nunca queríamos las mismas cosas a la vez y siendo ella músico de profesión debería saber que el ritmo, el compás y la sintonía es lo que marca una relación. Nos conocimos con ganas simplemente de tener sexo, sin más, aunque todo partiera de unas conversaciones muy profundas alrededor del papel de la mujer en la música barroca. Quedamos para seguir cara a cara con la conversación y terminamos al final de la noche como dos adolescentes comiéndonos en el interior de mi coche.
Durante unos meses todo fueron idas y venidas Madrid-Valencia. Sexo frenético, como si nos conociéramos desde siempre…sin sobresaltos, sin sabores desconocidos…todo era un descubrirnos, desearnos, disfrutarnos. Me adentré en el mundo de la música clásica desde las mismas entrañas, me fascinaba oír cómo ejecutaba sus partituras con una maestría que para ella nunca era suficiente. Sé que a ella mi mundo no le interesaba casi nada, sólo quería sexo, sin más. Y a mí no me importaba porque yo tampoco quería otra cosa, sencillamente me fascinan las personas que me llenan con lo que hacen, y su música me elevaba. Si yo me alejaba emocionalmente y sólo buscaba su cuerpo, ella demandaba ternura; si se la daba, ella alargaba las ausencias. Sencillamente, me volvía loca. Me encantaba llegar a su cuerpo, ver su placer sin miedos. En la cama había una comunión total que desaparecía una vez salíamos de la habitación. La primera vez que fui a Valencia me llevó directamente a El Palmar a comer paella con cava helado que terminamos bebiéndonos sin darnos cuenta. Nunca había estado en los arrozales valencianos, que inundados con aguas nuevas esperaban plácidamente dar una nueva cosecha. Nuestras conversaciones, cuando no tenían nada que ver con las emociones, eran embriagadoras. Orgullosa, bella e inteligente, una mezcla explosiva para volver loca a cualquiera. A ella le encantaba mi descaro, mi frescura, mis manos, mis manera de hacerle disfrutar en la cama. Pero emocionalmente ninguna de las dos estaba en su mejor momento, éramos dos fieras heridas que intentaban no sé si curarse, quizá sólo llenar tiempos y vacíos a través de un "sexo brutal". Cuando apareció en Barajas seguía igual de deliciosa, acentuado por ese color moreno que la hace tener un aspecto exótico en ese 1.79 de estatura. No llevaba ningún instrumento y sólo un bolso de mano, me extrañó. Nos abrazamos sin hablar, ella, como antes siempre hacía, me levantó del suelo dos palmos. -Sigues teniendo un tamaño perfecto. -Bueno, en estas cosas de las medidas ya sabes que cada uno tiene sus gustos. –respondí–. -Te veo muy ligera de equipaje, ¿no te quedas mucho por Madrid? -Luego te cuento, ahora llévame a comer a algún sitio que estoy desde primera hora de la mañana sin probar bocado. A esas horas no nos daba tiempo llegar a casi ningún restaurante del centro así que me decidí por el restaurante del Club de Golf. Afortunadamente el día estaba ligeramente nublado y la tormenta de la noche pasada había mitigado las altas temperaturas de Madrid. El restaurante del Club de Golf no es especialmente bueno, más bien de calidad muy justa y un servicio de sala bastante poco profesional, pero las vistas son tan espectaculares que a los cinco minutos casi ni te das cuenta de lo mediocre de la comida y lo desagradable del personal. Con ella nunca se sabe si le va a gustar que la lleves a un local sofisticado o a una taberna cochambrosa. Esta vez tuve suerte, le encantó. -Madre mía, pero no tenía ni idea de que tuvierais un campo de golf entre olivares. -Sí, el terreno donde está ubicado el Club de Golf y el Parque anexo pertenecen a una Finca del Siglo XVIII llamada el "Olivar de la Hinojosa" que compondría una de las plantaciones más importantes de olivar de la época. Se ha destrozado mucha plantación para adaptar los campos y el parque, pero es un jardín único en España…por la antigüedad y por la extensión. -No dejas de sorprenderme. -¿Por qué? -Porque desde que te conozco creo que no te has quedado nunca sin dar tu opinión, aportar datos de cualquier cosa que nos rodea o de las que habláramos. -Pues la que me sorprendes eres tú a mí porque siempre pensé que no te interesaba nada ni de mi mundo ni de mis cosas. -Nada más lejos de la realidad, creo que eres de las mujeres más complejas que conozco. Me quedé con la boca abierta y menos mal que el camarero, con sus malos modales, nos quitó los platos bruscamente para interrogarnos sobre lo que queríamos de postre. Decidimos ir a dar un paseo por el parque aprovechando que la temperatura permitía disfrutar de unas instalaciones que a esas horas, estaban completamente vacías. -Bueno, ¿me vas a contar por qué vienes tan ligera de equipaje? -Lo trae después Eva. -¿Eva? -Sí, mi novia. ¡¡¡¡¡Es piloto!!! He quedado con ella para cenar…¿vendrás no? Me quedé muerta, no me lo esperaba y sólo puede responder: – “Claro, estaré encantada de conocerla”. Seguimos paseando durante horas, como si no existiera nadie más en el mundo. No entendía nada, creo que eran los momentos más íntimos que jamás habíamos tenido. Cariñosa, sensual...si no fuera porque me había contado la existencia de Eva, hubiera pensado que estaba intentando volver a seducirme. Me tenía en un constante estado de excitación que paraba por mi respeto absoluto con las mujeres que tienen pareja. Los mensajes que me lanzaba eran de deseo, la notaba completamente excitada como la había visto años atrás tantas veces. Todo era sutileza, roces...no podía más. Corté la situación porque no quería hacer nada de lo que arrepentirme. La llevé al hotel que me indicó y por el camino se hizo el silencio, las dos sabíamos que era mejor “enfriar” el momento. Quedamos para cenar en un restaurante "pijo-cool” que había reservado, como no, su estupenda "novia-piloto". No me apetecía en absoluto cenar con ellas, me volvía a sentir como otras veces con esa mezcla de deseo y desencanto por ver que la persona que tienes delante podía ser la mujer de tu vida y siempre nos movíamos a contrapié. Sabía de su puntualidad, y a pesar de ser de la misma opinión, llegué 10 minutos más tarde por no tener que esperar sola si se retrasaban. Sole ya estaba allí, sola, aún llevaba el pelo mojado, su rizos que me envolvieron tantas veces haciendo el amor. La camisa blanca que llevaba resaltaba su moreno y el enfado en su cara la hacía aún más deseable. -¿Llegas tarde? -Lo sé, ¿y Eva? -Han tenido problemas en Manises y tiene retraso, he quedado con ella en el "Local de Chueca". -Vaya, veo que tienes la noche bien planificada. -Y espero que tú me acompañes. -Bueno, la que te tiene que acompañar es tu novia, –con tono sarcástico–. -Cenemos y... -Tengamos el sexo en paz –interrumpí–. Rompimos a reír y la tensión inicial se diluyó completamente. No quise tocar el tema de Eva porque ni me apetecía, ni quería desperdiciar el interés inusual que tenía Sole por mis proyectos. Pedimos una vez más cava con el primer plato en un guiño a otros tiempos. Como no suelo beber, el alcohol hizo su trabajo de desinhibición y ambas "tonteamos" todo lo que quisimos en el restaurante. Tonto calentón, porque por mucho cava que hubiera por medio, Sole no perdía jamás la compostura aunque su sexo estuviera como estaba en esos momentos, totalmente mojado y palpitando. Era casi la una de la madrugada cuando nuestro taxi enfiló Castellana abajo para llegar a Chueca. Por el camino recibió un "Whats App" de Eva diciendo que no sabía si iba a llegar o tendría que quedarse en Valencia hasta la mañana siguiente. Sole le respondió que tomaríamos algo en el "Local" y después se iría al hotel. -Seguro que ya no viene. -Siento que haya tenido estos contratiempos –mentí–. -Eso que tenía muchas ganas de conocerte. -¿Pero, sabe que existo? -Eres tonta¡ Pues claro que lo sabe. ¿Por qué te crees que tiene tantas ganas de conocerte? -Haz el favor de devolverme a Sole, ¡¡¡¡seas quien seas!!!. -Jajajajaja. Se me había olvidado tus bromas baratas. -Gracias por el cumplido. -No te enfades, que te lo digo con cariño. Me rozó suavemente con los labios al tiempo que me lo decía y sólo noté como cierta parte de mi cuerpo de deshacía por completo. El Local estaba repleto y completamente pegadas. Nuestra diferencia de altura nunca había sido un problema en la cama y ahora ella estaba sentada en una banqueta de la barra de tal manera que su boca quedaba a la altura de mi boca. No era el alcohol, era su perfume, su piel…no escuchaba, no entendía nada de lo que me decía, una especie de sustancia dopante invadía mi cerebro haciendo que temblara todo en mí. Ella estaba de caza, como otras veces, haciéndome llegar hasta el orgasmo sin tocarme. Su camisa delataba su excitación. La música reventaba nuestra piel, todo discurría a cámara lenta. Ella abrió sus piernas para que me pegara a su cuerpo. Llevaba tanto sin sentir esos besos de deseo absoluto que no sé cómo no me desmayé. Ella estaba en tal estado de excitación que le daba lo mismo la gente, la música y hasta ella misma. Era ya demasiado tarde para parar, no veíamos nada, sólo su deseo y el mío…me dio media vuelta, sus dedos hábiles desabrocharon mi ajustado vaquero y me penetró…sólo pude gritar de placer. No sé cuánto tiempo pasó, abrí los ojos y sólo ví a una morena de 1,90 delante de mí, un bofetón me tiró contra la barra. No recuerdo nada más... el taxi de vuelta a casa y el no haber vuelto a saber nada de ella. Como siempre con Sole, todo a contratiempo.
Actualizado ( Miércoles, 06 de Julio de 2011 )
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